Los futuros
del trabajo

Parte 7: Conclusión final.

Los futuros del trabajo - Diseño de futuros - Javier Montañés

Conclusión final.

De manera consciente he querido tratar el escenario Abundancia en último lugar, ya que considero que a largo plazo es el escenario más deseable. Pienso que tarde o temprano la automatización acabará con el trabajo tal y como lo entendemos hoy en día, y está en nuestras manos construir un futuro gracias a la tecnología, en el que seamos capaces de crear más riqueza con mucho menos esfuerzo, de manera más eficiente y sostenible y repartiéndola, eso si, de la manera más equitativa posible.

Cuánto tardaremos en llegar a este escenario es una incógnita, todo depende de las decisiones que tomemos a partir de ahora, y por el momento, no tenemos un algoritmo que nos indique cuál es la mejor dirección. Seguramente por el camino nos encontremos con muchas situaciones parecidas a las planteadas en el resto de escenarios que acelerarán o frenarán nuestro progreso, o es posible que tengamos que pasar por todos ellos.
La tecnología es el principal motor del cambio, a lo largo de la historia se reproduce habitualmente un patrón por el cual los cambios tecnológicos provocan cambios en la economía y estos a su vez cambios en los sistemas de gobierno que deben adaptarse a esas nuevas realidades.

En el neolítico la aparición de la agricultura y la ganadería, generó una economía que gracias a los excedentes evolucionó hacia los primeros sistemas monetarios, esta nueva economía propició la aparición de asentamientos estables y ciudades que debían gobernarse a través de reyes, sacerdotes y señores feudales. En la Primera Revolución Industrial el paso de una sociedad rural basada en la artesanía y la agricultura a otra que giraba en torno a las ciudades y a la industria trajo consigo nuevos modelos económicos y políticos.

El desajuste entre tecnología, economía y política lleva a conflictos y revoluciones porque los poderes establecidos previamente buscan mantener el status quo. Formas de organización que en el pasado fueron muy innovadoras hoy se han vuelto obsoletas y se resisten a evolucionar. El crecimiento exponencial de la tecnología supone un profundo cambio en los actuales sistemas económicos y políticos que nos exige dar una respuesta con una mente abierta, libre de prejucios y aplicando todo el potencial de la creatividad humana. Volver a las soluciones del pasado podría ser tan absurdo como tratar de imponer un sistema feudal en Silicon Valley.

A lo largo de este trabajo he querido ser bastante conservador con los cambios tecnológicos que planteo, todas las tecnologías de las que hablo, aunque estén en pañales, son ya una realidad. ¿Quién era capaz de predecir la llegada y el impacto de internet pocas décadas antes de producirse? En los próximos años aparecerán nuevas tecnologías que hoy no somos capaces ni de imaginar y acelerarán aún más si cabe el cambio.

En definitiva, debemos tomar consciencia de que estamos a punto de enfrentarnos a un cambio sin precedentes en la historia de la humanidad, donde la cuestión del trabajo es sólo la punta del iceberg y encierra preguntas mucho más inquietantes ¿cuál va a ser la función del ser humano a partir de ahora? ¿qué nos hace humanos?, según cual sea nuestra postura ante tales preguntas obtendremos un resultado u otro.

Considero que es urgente abrir un debate para empezar a rediseñar la educación, los sistemas políticos, económicos y sociales y dar una respuesta ética a los nuevos retos que nos plantea la tecnología.

El futuro no parece que quiera esperar y tenemos que estar preparados.